Capítulo 10

La atmósfera de la oficina de Jaques, era cordial, y elegante, ese día increpó a Marissa, la mandó llamar por la tarde, no quería hacer escándalos.
Por alguna escuálida y bizarra razón, ese día se respiraban más los aires melodramáticos de su estancia, se sentía fría, solitaria, silenciosa como un mausoleo.
Jaques había comprobado las sospechas de Samuel, que las compras habían sido duplicadas, pero la mitad de los insumos no habían llegado, fueron desviados de manera secreta, a almacenajes desconocidos, luego ella abrió algunas empresas con direcciones fantasmas, y estas habían vuelto a vendernos nuestros propios consumibles.
Marissa era ácida, le sonreía socarronamente, le aplicó una de las técnicas de lavado de cerebro que ya dominaba y le cambió el tema, con lo que lograba dos cosas minimizar el impacto de la gravedad del fraude, y hacerle creer que ella estaba fuera de todo eso. Usaba la técnica de la distracción, y borrar-regrabar, borrar-regrabar reescribiendo y superponiendo sus nuevas y tergiversadas versiones.
Ojeando despreocupadamente el legajo, le pregunto a Jaques de lo más casual.
─ Ya fuiste a ver la última obra de teatro. ─ Jaques respondió que no, mientras ella seguía ojeando, y describiéndole lo divertido de la obra. Esto
69
desconcertó un poco a Jaques, por un momento el cerebro de Jaques le jugaba una mala pasada, no supo como pero se dio cuenta que ya llevaba varios minutos hablando con ella de teatro, hasta sintió que tal vez estaría exagerando, o que había una explicación más sencilla para justificar todo aquello.
Pero Jaques no era un tonto, decidió increparle de nuevo, esta vez le puso el email recibido de Colombia sobre el escritorio. Marissa, se convirtió en tremendo monstruo, Jaques no sabía bien ¿por qué?, pero pudo ver sus ojos como otras veces, quedarse opacos y vacíos.
Lo que transcurrió durante esos momentos, nadie pudo saberlo, si ellos discutieron, o si hubo algo más, todo eso quedó ahí como una incógnita.
Esa misma noche les llamaron del Hospital, Jaques había sufrido un infarto, Corina llamó a Ishiguro y se dirigieron hacia allá.
─ Su pulso era débil, trataba de decirme algo, lo percibía en su mirada, pero la mascarilla de oxígeno y su debilitado estado se lo impedían, los médicos me sacaron del cuarto, cuando lo estabilizaron Marissa fue la primera en verlo, apenas entró, le dio un segundo infarto, los médicos trataron de resucitarlo durante 40 minutos, pero fue inútil. ─ La intuición de Corina, le advertían algo raro, pero no advertía exactamente qué.
78 años, estaba en su oficina, tarde cuando ya todos se habían ido, comenzó con un dolor en el pecho, el corazón se agitó, aleteaba como una paloma espantada, encerrada en una jaula tan pequeña que sus alas golpeaban los barrotes queriendo salir a como diera lugar, la quijada se
70
tensó exageradamente, los músculos se estiraban como el martillo de un auto con una forzada presión de torque en subida, dos bloques pesados como patas de elefantes le opresaban el pecho y la espalda, las células estaban reclamándole el abandono, como una anoxia o hipoxia, la falta de oxígeno le causó isquemia, sus neuronas estaban comenzado a morir rápidamente. En el aparato de ondas, se veía un pulso débil y el aparato sonaba como la música de un cuenco tibetano como un agudo “pi”, los doctores dijeron que ya no era probable que sobreviviera, pero se les notaba desesperados en sus intentos de resucitación. Su corazón, alguna vez embriagado de mundo, ya casi no latía, su ritmo era irregular y brusco, su corazón se detuvo toscamente al final. Fue determinante. Como la esposa que lo había abandonado, 20 años antes.
Los doctores salieron limpiándose el sudor, estaban acostumbrados a esto, pero eso no restaba que tuvieran sentimientos de fracaso cuando no podían salvar a un paciente.
Esa fue la última vez que Corina lo vio con vida, pero ella jamás olvidaría aquel rostro, como de niño que no tiene posibilidad de expresarse, no porque no sepa lo que quiere decir, sino porque es tan pequeño que aún no cuenta con las palabras o el vocabulario para hacerlo. Corina lo miró y su respiración se fue extinguiendo, mientras sus ojos luego de un rato también se fueron apagaron.
71
Ella quedó como sucesora del proyecto, sola, abandonada de Jaques, inexperta como era, con toda esa melancolía encima, y cargando un pesado fardo.
Ajena a todo, no sabía que aquella misma tarde Marissa, se reunía en un íntimo restaurante con su mentor.
Marissa estaba en una mesa arrinconada, cenaba relajada, pero hablaba como si estuviera fermentando odio, y reía a carcajadas.
─ Me arrepentí un poco, cuando recordé lo que le dije a Jaques, que hacer trampa no era trampa, porque todos podíamos hacerla. El truco es muy sencillo, pretender ser buena persona y no hacer favores a nadie menos que estés seguro que obtendrás el doble. Ese día lo saqué totalmente de control, de sus casillas. Le recordé que el mismo había firmado todas las autorizaciones y cheques.─ Le decía esto a Alexandr, escarneciéndose del recién fallecido Jaques, ridiculizándolo sin censura.
─ Yo soy demasiado inteligente como para aprender a hacer cosas nuevas, preferí dejar que supusieran que yo no sabía hacer nada, y dejar que todos lo hicieran por mí. De hecho, es muy simple explotar el miedo de estos “Don perfectos”, que todo lo quieren hacer bien, su eterno miedo de que las cosas no se hagan, o se hagan mal, eso los hace asumir todo el trabajo. Me encanta dejarlos tomar automáticamente la responsabilidad, y sentarme a mirarlos trabajar, luego sólo debo acercarme cuando se repartan las ganancias, la estrategia es muy sencilla, sólo hay que pretender parecer incompetente para todo. ─ Se burlaba de manera cruel; un instinto
72
necrófilo, morboso, le hacía tener placer en continuar humillando insidiosamente a un muerto, a uno que además había sido tan benevolente con ella. Es claro que, sólo a una pobre y defectuosa crianza le podría haber interesado tanto humillar a alguien que después de todo ya no era materia, literalmente hablando, No se daba cuenta que hacerlo ya era insustancial y ocioso. No lo sabíamos en aquel momento, pero ella tenía su abyecto corazón carcomido por la frialdad, la humedad y el moho. Marissa recordó, cuando Jaques le increpó diciendo que la habían contratado sólo por la recomendación de Alexandr, es decir por sus relaciones con las altas esferas benefactoras del proyecto, pero no por sus propias competencias personales. No la ofendió. Claro que se daba cuenta de sus carencias, pero eso no significaba que tuviera que reconocerlas ¿o si?, después de todo nadie lo hace ─ Pensó Marissa. Luego Jaques comenzó a percibir un dolor agudo, y cursaba vómito, me fui de ahí. ─ Le decía Marissa a Alexandr presumiendo su mala fe.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s