Capítulo 3

─ Hoy ha sido un día bastante pesado señor, ¿gusta algo de tomar? ─ Pregunta la estilizada azafata a Samuel.
─ Harry ha sido muy amable en enviarme a su piloto a recogerme para llevarle los informes financieros. Lo mejor será pedir un café, es tarde. ─ Pensó él.
La azafata dio informes al piloto, mientras depositaba un cartucho en una máquina de expresso. Samuel escuchó los avisos de la torre área y el capitán hizo despegar el avión.
Terminó de trabajar en su computadora, mientras daba sorbos a la diminuta taza de café amargo, y comenzó a recordar algunas cosas. Se percató hasta donde había llegado.
¿Quién soy yo?, sintiéndose afortunado al poder viajar en ese jet privado. Y recargándose en el cómodo respaldo, dijo para sus adentros con justificado orgullo, yo soy el Alfa y el Omega, lo dijo con satisfacción, y siguió justificando todo lo que había hecho en su línea de vida.
 No es que sea el chico más guapo, o más inteligente. ─ pensaba Samuel, para sus adentros. ─ Aunque podría haberme convertido en un actor de cine, sin duda, ─ en ese momento miró su reflejo en la ventanilla ─ procuro estar saludable y en forma, ojos grandes verde olivo, ceja poblada, alto, barbado, buen tipo. Con una sonrisa tímida que sé usar en el momento exacto. ─ Samuel comenzó a destacar los atributos que veía en aquel espejo improvisado, fundamentalmente le gustaba andar pulcro,
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bronceado por sus constantes viajes a paraísos fiscales y turísticos, y le gustaba la competencia. ¿Emocionalmente?, era diferente…
Sabía que había algo en él que lo hacía distinto, se mimetizaba con el ambiente, mesmerizaba con su encanto personal, y sumergía en un vaho tan transparente como el de un gato hipnotizando una lagartija, jugaba a propósito con esto, divirtiéndose con tan “particulares” habilidades innatas. Sus intereses estuvieron siempre en querer aprender cosas muy especiales, y no en cumplir un compromiso con el sistema, nunca admitió que le dictaran lo que debía hacer, ─ o al menos eso pretendió creer… como todos.
Terminó los estudios, debido a un tío que lo tuteló con fervor para ello, y al que, por cierto, le sacó canas verdes en sus años de plenitud.
─ Yo realmente no habría querido estudiar, ─ se abandonó a un largo monólogo con todo tipo de justificaciones. ─ Al estar en situación de retenido, medio prisionero en la casa de mi tío, me parecía imprudente e insensato no hacerlo. Algunas de las materias que, de alguna forma, más me gustaron fueron estadísticas básicas, contexto socioeconómico, y fundamentos de investigación. Si uno se diera cuenta de todo lo que se puede hacer con esto. ─ Él sabía bien lo que se podía hacer con eso, de hecho, con eso y con cualquier otra cosa.
─ Siempre he pensado que, la vida humana en sí, es un milagro. Pero, lo que me ha parecido aun, más extraordinario de todo lo que he vivido, es esa facilidad que tengo para aprender más rápido que casi todos los demás, sin tanto esfuerzo, soy algo obstinado, y necio, pero bastante lógico.
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La mentira, bueno eso es algo que todos usamos, y quien diga que no, ese sí que es un mentiroso de verdad. Y es que, sin la mentira, no se podrían ganar ciertas ventajas, por lo que es más que obvio que todos mentimos, y que, al menos lo que yo hago es dudar de absolutamente, todos. ─ Se recostó en el suave reclinable de piel, se sentía cómodo, mirando la ventanilla del avión se abandonó a sus pensamientos, y sus propios constructos personales.
Recordaba cómo había sido capaz de descubrir desde muy niño, lo que él llamaba el “sentido del secreto” esto es, que cuando no aportaba datos claros en cualquier conversación, y dejaba huecos en la información, las personas rellenaban automáticamente esos huecos con lo que ellos “querían” o con lo que ellos “pensaban” o con lo que ellos “deseaban” y con esto él podía extraer mucha información de las personas.
Siempre tuvo claro que la mejor forma de tratar a otros era decirles todo lo que querían oír. Por esa razón nunca pudo dar un buen consejo, cuando trataba de hacerlo, sólo lograba generar frustración en el destinatario que nunca podía obtener otro punto de vista que no fuera el mismo que él ya había expresado. Y ante cualquier solicitud, Samuel, no respondía un sí o un no, como lo haría cualquier persona, su respuesta más común en él era “tal vez”, “no sé”, y cosas por el estilo.
Samuel, literalmente había aprendido todo en la televisión, pero ahora no tenía ganas de verla, siguió perdiéndose en las luces y el fondo obscuro de la ventanilla.
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Samuel continúo divagando.
─ Algo tuve claro desde niño, y es que cuando uno ve un programa de televisión siempre hay un protagonista y un antagonista, por eso le gustaban tanto las películas y procuraba no perderse ninguna.
No sé a ustedes, pero a mí me parece que las personas siempre toman partido por uno, u otro bando, lo que es más que obvio, la mayoría aunque no lo acepten, se sienten más atraídos por la parte malvada, ahí es donde se encuentra la verdadera sabiduría, y el verdadero aprendizaje de la naturaleza humana ─ Eso lo sabía bien él, que siempre se esforzó por formarse con todos los enredos que usaban para salir bien librados de las situaciones, le fascinaba ver como torcían, meneaban, o serpenteaban las verdades, y como de entre los antagonistas había unos más malvados que otros.
Los protagonistas esos “altruistas” le parecían gente que ni se quería a sí misma, y eso de estar más pendientes de otros, le parecía algo antinatural.
El antagonista en cambio, siempre tiene el papel más importante, es quien trata de obstaculizar la vida y los planes del o los protagonistas que generalmente sólo son unos entes tontos, el antagonista es quien planea desde un contexto obscuro, y oculto, estableciendo obstáculos, pensando muy detalladamente qué caminos bloquear para hacer que su víctima llegue, en forma, fácil y más o menos directa, conduciéndole por intrincados
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laberintos, como a un ratón, para hacerlo caer en la trampa casi por voluntad propia, ¡cuánta inteligencia realmente se requiere para hacer estos cálculos!. ─ Pensaba Samuel. ─ los antagonistas sabemos actuar, comer, hablar, pensar y relacionarnos, con otros y entre nosotros. A menudo se nos dibuja como el malo, el enemigo a vencer, incluso como asesinos seriales o perversos, pero nadie nos hace justicia, sólo somos personas que sabemos “vendernos bien”, y que queremos lo que legítimamente consideramos nuestro, no importa lo que la sociedad diga o dicte, nosotros nacimos para tener lo que consideramos herencia, además los protagonistas a menudo caen mal, sólo por seguir las normas de conducta que les dicta la sociedad se sienten “listos”, cuando claramente son todo lo contrario, y se creen que el mundo gira alrededor de ellos, y sienten que todo lo merecen por portarse “bien”, (desde mi punto de vista, nadie puede portarse bien, o al menos no todo el tiempo), por lo que en mi opinión ellos son aún más falsos, hipócritas, y desagradables que nadie. ─ Destapó una botella de agua mineral, hacía calor adentro, se abandonó a ella, quedándose por un momento besando la fresca y húmeda boquilla de vidrio color verde jade, miró por la ventilla del avión y dio otro sorbo, y otro beso a la boquilla.
Cuando Samuel conocía a una persona así, es decir a una persona <>, y aunque muchas veces le era difícil identificarlos (por eso de que pensaba que la gente buena no existía, sino que más bien estaban aparentando, siempre los observaba meticulosamente, tratando de encontrarles sus defectos, porque no es posible que existieran tales seres, ─
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pensaba ─ Porque no existe nadie que sea perfecto, no puede existir, lo digo categóricamente, ¿O sí?, yo no lo soy, y a veces ni lo intento.
─ Le he traído una manta, ─ abrió los ojos, y le preguntó a la azafata ¿dónde estamos? ─ Me han dicho que estamos sobrevolando…
Samuel no escuchó aquello último, pese a haberlo preguntado. Se asomó por la ventanilla y miró soberbio hacia abajo las luces de la ciudad. La azafata desapareció.
Luego se dio cuenta que no había escuchado la respuesta, su cerebro estaba más interesado en su charla interior.
Así que recordó un artículo que acaba de leer, acerca del funcionamiento del cerebro, y siguió pensando.
─ El cerebro es muy complejo, cada cerebro se desarrolla de distintas «impresiones», que se quedan marcadas desde que el feto es feto, y más tarde de todo el condicionamiento del ambiente. Los padres puedo decir que son los que mayormente condicionan a una persona y lo moldean con sus «premios» y «castigos». Por lo tanto, le imprimen «su propia marca» de acuerdo con sus «valores o antivalores», y mira que lo hacen de una forma imperceptible, el truco está en la sonrisa ─ Había llegado a deducir eso Samuel ─ porque el niño cuando nace se da perfecta cuenta de que se encuentra dependiendo de terceros para su subsistencia y por eso los bebés siempre tratan de caer bien, y les sonríen a todos para tener asegurada la alimentación, y por otro lado los golpes por lo general no funcionan debido

a que cuando alguien te golpea es fácil reconocerlo como un enemigo franco, pero ¿y, si te sonríe?.
Por eso siempre me ha gustado más sonreír. ─ pensó Samuel
Las luces se fueron perdiendo, dejaba NY atrás, y luego de un rato se marcó la línea limítrofe con el mar. Su cerebro ese día no dejaba de analizar su propio caleidoscopio de ecuaciones mentales.
Su mente lo condujo otra vez, por las frías corrientes de su narrativa personal. Recordó a Wittgenstein.
─ «el límite de mi mundo, es el límite de mi lenguaje», a través de éste puedes conocer sus pensamientos, motivaciones, sus necesidades, y sus intenciones. Con todo esto yo podía determinar el patrón de conducta que tuviera una persona, y cómo tratarla para obtener de ella lo que él quería, en esto soy un Maestro. ─ pensaba él, y no estaba equivocado, gracias a esas habilidades había escalado hasta las esferas más altas y ahora viajaba a ver a su gran amigo Harry Grifol ─
No me gusta mucho hablar de la maldad, la maldad existe y es normal, todos tenemos nuestra parte, y hasta en la biblia lo dice:

“Y vio el SEÑOR que era mucha la maldad de los hombres sobre la tierra, y que toda la intención de sus pensamientos en su corazón, era sólo hacer, siempre el mal. Y se arrepintió y le pesó al SEÑOR nuestro Dios, haber hecho al hombre, y sintió tristeza. Y con gran pesar dijo el SEÑOR: borraré a los hombres que he creado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, borraré el ganado, y a los reptiles y hasta el ave de los cielos; porque me arrepiento de haberlos hecho”.
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