Capítulo 22

Su rostro cambió, al leerlos.
Él no se había dado cuenta.
Samuel, se vio reflejado y se asumió de inmediato como uno de ellos, la realidad le cayó encima, todo eso que no había entendido en su niñez, en su vida entera, normal por fuera, pero sorprendente diferente por dentro, debajo de su piel, no se sabía lo que uno podía encontrar, reconocido como un insensible moral, no un criminal propiamente, la evolución del gen de la maldad, lo había hecho camuflarse camaleónicamente, la comisura de sus labios se partió de inmediato.
Recordó…
─ Admito, era travieso, y me la pasaba aventando avioncitos, y a pesar de que me reprendían, yo seguía siendo igual. Aprendí lo que me enseñaba la maestra, pero ella era una floja, cuando me reprobó hice el año con otro maestro. Nunca imaginé que había algo “raro”, más aún cuando mi conducta era “ejemplar”, aunque ahora lo recuerdo, yo siempre hacía las cosas porque tenía que hacerlas. Crecí con métodos poco rigurosos, y con doble moral. A partir de ahí dediqué mi vida a perfeccionar mi extraño comportamiento, no es que estuviera loco, no era un trastornado, por el contrario, esta situación no me causaba el menor inconveniente, cuando yo de niño veía que alguien caía accidentalmente, moría de risa, siempre
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ha sido muy divertido ver las desgracias que les suceden a otros, esto ya debía haberme dado alguna pista.
Y cuando escuchaba hablar a otros acerca de las desgracias ajenas, como si fueran suyas, no podía menos que sentirme confundido, parecía que ellos realmente lo “sentían” yo comencé a hacer lo propio “qué tristeza que haya muerto”, palabras vacías que no significaban nada.
La educación, es decir, la cortesía, esa sí es importante, y te sirve de mucho, no tanto la sinceridad que es solo un constructo protocolario de la sociedad.
¿Quién es sincero si lo vemos a lo largo de la historia?… Uno siempre decide, y hace, lo que uno piensa que es correcto.
Samuel concluyó, que él sabía distinguir entre el bien y el mal, pero sin duda elegiría siempre el mal, si esto era requerido para sus propios fines.
─ Esto significa… ─ Masculló
Corina, sin comprender la decodificación de esta frase respondió
─ He decidido ocultar las investigaciones, al menos, hasta que pueda encontrar una solución. ─ Samuel respiró.
─ Quiero que los descubrimientos queden ahí para siempre. Nadie debe enterarse por lo que hemos pasado. El gen de Caín no será conocido. Muchas personas podrían querer obtener este codiciado secreto, este sería el santo grial que todos han estado buscando.
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Corina tenía tal facultad de comprender que el tiempo era eterno, aunque ella no.
El tiempo era perdurable e infinito.
El tiempo no te da respuestas, las respuestas están ahí esperando a la madurez del hombre, que siempre anda jugando a cerrar los ojos, palpando a ciegas para encontrarlas. Samuel leyó el informe de Marissa en la bóveda… Mientras Corina recodificaba las claves.

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