Capítulo 20

Lo que sucedió después con ellos, es un total misterio, pero de algo estábamos seguros “Sir Mr.” Alexandr había desaparecido, se había esfumado y no lo volveríamos a ver, nunca. Harry recuperó su fortuna.
Pasados unos días, Corina y Samuel fueron invitados a una finca más amplia.
Samuel le agradeció, a Harry la cortesía, y le dijo no dejes “cabos sueltos”, ─ Lo hizo guiñándole un ojo, habían planeado algo “especial” para Corina.
Hicieron el trayecto en helicóptero. Samuel podía pilotear, tenía experiencia en vuelos de montaña, aterrizajes en zonas abruptas, y aterrizaje en zonas combinadas, tenía muchas horas de práctica, que había realizado durante sus estudios como capitán piloto y algunas veces se había desempeñado sobrevolando y aterrizando en edificios, piloteando los helicópteros de sus amigos. Dentro de la cabina, miraba los controles y todos los instrumentos.
El arranque fue sencillo, revisando la lista del checado manual, Samuel lo hizo todo, casi mentalmente, revisando de un vistazo la batería, la válvula de combustible, el altímetro, la brújula, solicitó la autorización a base y a mantenimiento para que les diera el aviso de “libre” lo que indicaría que ya podían despegar, giró el switch y las palas comenzaron a moverse, miró el parámetro de arranque y abrió el acelerador, el corazón le comenzó a latir más fuerte cuando comenzaron a elevarse, él tenía un plan para Corina. ─ Sierra 5, 35 58 norte y 5 35 distancia 3,4 a tierra, ─ Samuel tuvo esa última
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comunicación con la base, luego sólo mantuvo la marcha, revisando de cuando en cuando, los indicadores de la temperatura.
En el momento en que la turbina se volvió autónoma, tomó el control para despegar, mantuvo su posición con el control cíclico para tratar de mantener la dirección al frente, e hizo unos pocos movimientos pequeños a la izquierda y a la derecha para corregir el rumbo, aunque después de tomar la ruta básicamente lo mantuvo en su posición neutral, ajustó el control colectivo para darle potencia y velocidad a 100 nudos vuelo crucero, se ajustó los audífonos David Clark H10-13.4 y una vez que se fueron familiarizando con el paisaje hizo un giro, cuando hubieron alcanzado cierta altitud, realizó algunas maniobras de vuelo recto y nivelado.
Por fin se sentían libres y dejaban atrás la pesadilla.
Recorrieron un gran tramo del territorio inglés. Platicando amenamente sobre muchísimas cosas, luego se fueron olvidando, y sólo se dedicaron a hacer señalamientos sobre el paisaje.
Más allá de las grandes ciudades, los pueblos de Inglaterra son lugares hermosos de postal de pintura al óleo. Se dirigieron a Lamberhurst donde ya les habían reservado el icónico Scotney Castle, un castillo romántico del siglo XIV.
Samuel no podía describir la sensación cuando por el rabillo del ojo la atrapó con la mirada perdida y el pensamiento estático mirando por la ventanilla derecha, completamente abandonada al horizonte, con esa pacífica sonrisa y esa indolente mirada ignorándolo, como Corina hacía
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algunas veces para mantenerse rodeada de un halo enigmático de sensual misterio.
Él la tomó de la mano, y se la besó ahí mismo, respiró las notas de su fresco perfume, y la llevó tomada así por un buen rato, ella iba muy callada, hasta que a lo lejos miró el Scotney Castle.
E hizo una exclamación.
Samuel hizo un rodeo para mostrarle una vista preciosa de las almenas del lugar, a ella le parecía todo muy romántico. ─ Estaba seguro que te iba a gustar.
─ ¿Gustarme?, está increíble ─ Exclamó Corina, mientras Samuel seguía controlando los instrumentos.
El castillo estaba bordeado por un hermoso lago, y a un costado había una zona de descenso. Ella miró el lago que bordeaba caprichosamente la mitad de la finca, entraba el agua por todos los recovecos, una pared de piedra derruida contaba la historia de aquel icónico castillo.
El Scotney Castle era una residencia abierta al público, pero ahora estaba reservada y acondicionada como un luxury resort.
Corina vestía una falda de vuelos larga hasta la mitad de la pantorrilla, abierta de un costado casi hasta la entrepierna, y un suéter de cuello de ojal gris, con la espalda desnuda, y con mangas largas hasta los nudillos, la abertura de la falda, invitó a Samuel a deslizar su mano por la abertura,
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mantuvo su mano fría, entre la cálida entrepierna y esperaron así por un buen rato hasta que las palas del helicóptero dejaron de girar.
Samuel notó que había logrado su cometido, ella estaba excitada, y sorprendida.
Funcionarios de la mansión, los recibieron anunciando que estaba preparado un jet chárter para viajar a Escandinavia en los siguientes días.
Tendríamos que ir para hacer los trámites de la cuenta bancaria en Oslo, y revisar la seguridad de la bóveda.
─ No somos Dios. ─ Le dijo Samuel a Corina.
Corina poseía un secreto que todos habían estado buscando. Nadie sabe que existen dos tipos de seres diametralmente opuestos conviviendo en nuestro planeta. Sus investigaciones continuarían, para descubrir cómo hacían estos avatares para cambiar en un segundo el rumbo de la existencia humana.
“El pueblo desea ser engañado, y mantener una ilusión, sentirse satisfecho por las apariencias, y tener alguien a quién seguir.” ─ Samuel recordó las palabras de Maquiavelo.
Cuando cruzaron el muro, pudieron observar la parte frontal de la residencia con una fuente tan grande que hacía las veces de rotonda, una elegante glorieta, la cual era rodeada por un carril para autos.
Cuando Samuel terminó de ver los detalles con el personal que les dio la bienvenida, buscó de nuevo a Corina, quien para ese momento ya había
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escapado para explorar el lugar. Se dirigieron a la entrada, a un silencioso salón principal, que daba paso a distintos pasillos y un enorme hall con un corredor que conducía a un jardín de cantera bordado de helechos y amapolas galesas. Ahí los recibió un mayordomo, saludándonos con una genuflexión, y dijo “Mademoiselle, por aquí por favor”, los condujo a un jardín lateral donde tenían dispuesta una mesa, con una enorme sombrilla junto al lago, y un fresco vino espumoso tipo champagne mandado traer directamente de la zona de Undurraga. Samuel pudo reconocer uvas de Pinot, de Noir, y otras de Chardonay, efervescente y chispeante. Así entre espigas, hojarasca, viento, algas, musgo y leves olas de la laguna se dispusieron a comer.
Ese día ella quería comer muy poco, ¡pero la comida era tan deliciosa!
Los meseros aparecieron unos segundos después, con charolas de mini bocadillos de pierna de pato confitado con salsa de naranja y brandy servido con gratinado dauphinoise, espagueti de calabacín y tomate concasse. A Samuel le sirvieron pollo supremo con salsa de vino blanco cremoso Forestier, y espinacas salteadas con salsa de nogal. Corina se decantó por un filete de salmón con Salsa de Champagne perfumada a la plancha y servido con salsa de tomate con melocotón asado en almíbar balsámico de queso feta y menta, y semillas de calabacín servidas con crema agria de cebolleta. Luego de comer, les ofrecieron postres, a elegir, mini gelatinas de frambuesa con jalea de flor de saúco con frutas de verano, tartlets de crumble de manzana, o panna cottas de vainilla con coulis de frambuesa en salsa de gin-tonic jelly, blueberry y vodka.
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Yo me burlaba de ella porque había roto la dieta.
Aunque yo tratara de distraerla, por momentos la veía ida, desorientada.
Recorrimos las amplias plantas de la residencia que presumían piedra como acabado principal, galerías a lo largo de un pasillo flanqueado por heráldicos escudos, y techos abovedados, que acentuaban la elegancia de un corredor que llevaba a una recamara, con pesados cortinajes y una enorme cama estilo Luis XV con dosel, y ropa nueva de cama un esponjado duvet blanco, la madera de carácter, con vestíbulo de espera y los techos con sus pesadas vigas, muebles emblemáticos y románticos entablados tallados a mano, evocaban, e inspiraban algo más que naturaleza y serenidad.
Nuestras maletas ya estaban dispuestas, y nos dispusimos a dar un paseo por los jardines.
En esos hermosos y soleados días lucían las flores sus estampados pintorescos, con una cromática de alegres matices petricolor, y cantos de pájaros, de los llamados kestrels, o cernícalos, los ojos de Corina se iluminaron al respirar aquellos frescos y encantadores perfumes, fuimos bordeando la propiedad, hasta que, nos encontramos una puerta secreta que nos llevó a un oculto atelier espacio perfecto para enamorados con una pared de piedra, y pisos de cerámica de barro antiguo, con lienzos y pinturas de encantadoras rapsodias de prados verdes de Cézanne, y de Monet, de Gauguin y Courbet, de Renoir y de Degas. Un espacio creativo
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por el exceso de tener que abrir y cerrar puertas, para descubrir cada vez más y más, artes finas.
Uno de esos lugares era un taller o estudio privado, ahí había una puerta que llevaba a un túnel que nos condujo a una especie de taberna, llena de botellas y barricas, yo le di la espalda a Corina para elegir una botella de vino espumoso, fue sólo un segundo y cuando me volví…
Corina yacía tendida sobre la mesa de madera.

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