Capítulo 2


En una hermosa mansión sobre un acantilado privado en Costa Careyes México, mirando hacia la línea costera del mar, con el ocaso naranja asomando por los arábicos ventanales, en un hermosa residencia inspirada en una de las más importantes y lujosas mezquitas marroquíes, con hermosos mosaicos de colores tradicionales en blanco, verde turquesa y oro, contrastando con elementos contemporáneos del medio oriente, dentro de las que destacaban un cuadro de un elefante hindú, una figura de pavo real muy colorido verde jade y azul lapizlasulí muy brillante, salas con arcos de herradura apuntalados, y farolillos colgantes troquelados en forja de chapa de hierro que se fusionaban y servían como lámparas creando efectos luminosos en las paredes con sus múltiples orificios, varias habitaciones decoradas con lujosas alfombras de lana con formas de mandalas, marcaban la exótica influencia “sultanesca”.
Detrás un biombo calado, color blanco, de madera tallada a mano, del cual asomó, una mujer desnuda caminando por un pasillo, con un frío piso de azulejos andalusíes, dirigiéndose hacia un opulento baño de vapor, con un toque exótico y misterioso. Mientras en la habitación se escuchaba una música de suspenso de fondo, y alguien gritó “púdrete”, en la televisión una película de supervivencia de un grupo de excursionistas en una montaña, en donde se veía romperse la soga del protagonista cayendo de pronto entre un risco, un hombre le grita puedes oírme, estoy bien, contestan desde el fondo.
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