Capítulo 15

La importancia de la confesión, es que, ésta aceptación vocal, es decir, es esta y no cualquier otra cosa, precisamente el reconocimiento tácito, para el cerebro, lo que permite a éste, crear la realidad virtual que vive dentro de cada uno.
 Lo que hizo Marissa con Bill, es algo que no se borra fácilmente, esas cicatrices son como una marca que no se puede quitar nunca, ese dolor se ha asociado y penetrado en las capas más profundas de la piel, quedándose a vivir en cada una de sus células para siempre.  Dijo Corina.
Por fin tenían capturado a uno de estos “alter ego”, pero Marissa no había querido confesar su crimen todavía. Los investigadores estuvieron de acuerdo en trasladarla a Alpha City para hacer un estudio de su cerebro.
Bill pasó años siguiéndole la pista. Y ella ni siquiera había tenido el gesto de pedirle perdón. No podía creer tanta crueldad, evitar por todos los medios, hacer esta simple confesión.
Ella, no tenía remordimientos, era como si, a lo sumo, pudiera reconocer, y de hecho vagamente a las personas como “sujetos” de derechos, pero no como “titulares” de ellos, los reconocía digamos, desde una difusa facultad legal, pero no constitucional no como una supremacía del derecho de ser o nacer con una dignidad inherente.
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Tuvieron que hacer uso de varias de las técnicas más avanzadas. Utilizadas generalmente para entrar en la mente, pero aun así no pudieron encontrar nada en su cabeza. La simple idea de no saber cómo funcionaba aquella persona, les hacía corto circuito.
Lo habían intentado todo, pero sólo obtenían, esas caras de exasperación y condescendencia, esas miradas perversas y altivas, negándolo todo.
Corina, describía durante la exposición, todo esto a detalle, porque era importante, porque había sido lesivo para muchos.
 La última alternativa fue hacerme pasar por su amiga, ganarme su confianza, no juzgarla, y dejarla hablar. Le hice ver que contaría con nuestro apoyo incondicional, dado que nuestro principal benefactor así nos lo había solicitado, ella lo creyó, sólo la dejé hablar, sin hacer muecas, lo que me decía era morboso, era espantoso.
Se me quebró el corazón mientras me contaba todo. En ese momento yo estaba a punto de quebrarme. Pero tenía que demostrar que nada pasaba, fue difícil. Era como si supiera que, si la acorralaba para que nos dijera algo, jamás lo haría.
Yo estaba haciendo mal las cosas desde el principio, cuando ella comenzaba a confesar, mi rostro se iba transformando, primero en una cara de asombro, unas facciones que poco a poco me iban convirtiendo en un juez inflexible, y mi rostro no podía ocultar el dolor, ese había sido mi primer error, mi lenguaje corporal me delataba. Ahí comprendí, así de pronto, que,
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para conocer a una persona, debería dejarla hablar, sin mostrar rechazo, y me confesaría todo, podría admitir hasta sus más obscuros secretos.
─ En el fondo son como un pintor que muere por obtener el reconocimiento por su obra ─ pensó Corina.
También en el fondo, como cualquier persona, desean ser comprendidos, pero debes estar preparado para saber la verdad, para escuchar las peores confesiones, cosas horribles, y que te lo digan como si fuera… nada.
Corina se preguntó incluso, que pasaría si la alentaba a fanfarronear y si la trataba como si lo que había hecho fuera algo “natural” ¿le diría todo?. Ahí recordó nuevamente a Jaques, que lo importante no era lo que se decía, sino el cómo.
 Lo intentamos y vi, que comenzaba a funcionar. Mi actuación tendría que ser como la de ella, perfecta. Por tanto, no me inmuté, mi lenguaje corporal la invitaba a continuar hablando, la alentaba. Yo quería mirar a través de aquella sucia ventana, hice un esfuerzo casi sobrehumano y holístico, por ponerme en su lugar, ella hablaba de torturas, yo hice lo propio, no darle importancia, aunque por dentro mi estómago se retorcía.
Me contó todo lo que había hecho, no omitió ningún detalle. Yo tuve que fingir.
En un momento muy claro, hubo una especie de conexión y pude darme cuenta. Lucifer me estaba hablando a la cara.
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Yo trataba de ayudarme con la respiración, cuando en mi interior sólo tenía ganas de ponerme gritar para desahogarme por todo lo que me estaba confesando, era inconcebible tanta incomprensión, tanta maldad.
Sientes como una herida profunda en el alma, y esa herida nunca se cura.
Después de su confesión, larga, detallada, inescrutable le pregunté, no pude evitarlo, tenía que hacerlo, yo quería saber todo, estaba ya metida hasta las rodillas en aquella ciénaga. Saqué el fango, tocándolo y amasándolo suave y asquerosamente, con mis propias manos. Ya no podía parar y le pregunté.
─ ¿Piensas realmente en el sufrimiento de su padre? Tuve que preguntarle varias veces tratando de aparentar calma, me respondió con una mueca de fastidio como si estuviera cansada, y quisiera irse a su habitación, no le entraba en la cabeza lo que se le estaba preguntando, “¿piensas realmente en el sufrimiento de su padre?” se le obliga a responder algo que no entendía o sentía que se le obligaba a “reconocer” algo que realmente no tenía capacidad de asimilar, como un humano normal lo haría.
Era como si aquella mujer, se hubiera quedado atorada en un desarrollo infantil como cuando un niño pide un caramelo y hace tremendo berrinche, el niño está lamentablemente incapacitado para entender a los demás, no comprende lo que es dinero, o la carencia de este.
─ ¿Piensas realmente en el sufrimiento de su padre?, le repetí. Era una pregunta que caía en un hoyo negro.
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Le mostré las fotos. No expresó mucha emoción. Cuando miro una particularmente bajó la cabeza, si estaba actuando o era algo real, eso era difícil de saber.
Cuando queríamos arrancarle una confesión, sus posturas eran inamovibles, y durante aquel agotador interrogatorio continuaba tratando de desorientarnos. Nos dimos cuenta de otra cosa, los antropomorfos nunca dicen lo que piensan, sino lo que tu piensas.
Sus reflexiones caían en la penumbra, sus argumentos, era claro que en el momento en que los profería de aquella boca inconsciente, los creía, ella creía en sus argumentos hasta el punto de la inflexión. Algunas veces negaba todo, o lo aceptaba, solo para cambiarlo todo otra vez. No podía o no quería darnos una respuesta racional y eso a la vez, nos hacía sentir humillados, como diciendo, soy un ser superior, y puedo hacer y decir lo que me plazca.
 Yo no la maté, dijo, cuando la cuestioné sobre la muerte de Roberta. Luego de ver las fotos finalmente había aceptado haberla golpeado más de 40 veces, haberla apuñalado 14 veces. Pero seguía insistiendo que ella no la había matado. Investigamos todo a nivel neurológico, control de impulsos, abusos, daño cerebral, enfermedad mental, golpes en el cerebro, quistes. ¡Nada! ¿El cerebro de un antropomorfo está dañado?, no.  Dijo Corina.
 Seguimos interrogándola y llegó a decir “que lo sentía” pero si le reiterabas ¿por qué? O qué significaba para ella ¿sentir? Su ira salía te
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quemaba como una tormenta solar, sus ojos hervían al rojo vivo como si le fastidiaras, si ya había dicho que lo sentía, había dicho lo que queríamos escuchar, no importaba si ella lo entendía o no, ¿qué más queríamos obtener de ella?, era lo que pensaba Marissa.
Cada que queríamos entrar en su psique era una lucha desquiciante. Se quedaba ahí sentada como si fuera una dura y fría pared. Me sentía agotada, sus argumentos cruzados me habían sentir un cansancio físico y mental.
 A nosotros nos parecía que hablaba con una gravedad indescriptible, hablaba con brutalidad, y frialdad emocional.
Bill recordó el momento en que el clima se crispó, quería matarla, ese momento en que una persona está tan ofuscada que ya no puede reaccionar en forma racional, Marissa sabía aplicar muy bien esto, es la ley de la provocación.
 Voy a ser honesta, se notaba que quería mantenernos agotados.
Marissa trataba de ridiculizar a Bill “diciendo que dejara de hacerse la víctima”. Ella jugaba magistralmente con las insinuaciones, pero sin llegar a comprobar nada.
Para ella era una realidad.
Luego de muchos interrogatorios, y pruebas, pude darme cuenta, no porque confesara su vida pasada, pero se le notaba, que había sufrido seguramente más que Bill, o más que cualquiera. Pero Bill no tenía la culpa
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de esto, ni nosotros, ni nadie. Y decirle que no se hiciera la víctima, eso era una doble victimización, una doble humillación. Pensé con tristeza que de aquel infierno de donde procedía Marissa, esto que sufría Bill seguramente era nada, realmente daba la impresión de que, ella había sufrido mucho más. Por tanto, para ella, no importaba cuanto llorara o gritara Bill, por la muerte de Roberta y de su nieta.
Para quienes presenciamos todo aquello, no quedaba duda, ni en Hollywood podrían haber escrito algo así. Marissa era lucifer.
─ ¡Soy inocente jamás he matado a nadie! … gritó. Su grito era intimidante.
El veterano agente, estaba intentando ayudar. Nos miramos unos a otros estupefactos. Cuando el escáner mostró la codificación de esa frase. Estábamos tratando de entender lo que ella quería decir, nos esforzábamos mucho.
Saqué fuerzas no sé de dónde, no le di tregua, le insistí en mi pregunta. Y respondió:
─ Ella se murió ─ Marissa volvía incesante a repetir eso, y yo sentía desesperación con sus respuestas vagas, ella se murió eso ya lo sabíamos. Pero ella no aceptaba ser la responsable, ese era el punto. Todo el tiempo se paseaba por las ramas de la conversación. Y se desesperaba con tanta preguntadera. Parecía que trataba de sacarnos de quicio a todos los ahí presentes era un juego sádico para todos nosotros, y principalmente para Bill, pero lo más curioso de todo aquello es que en
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realidad, parecía que era absolutamente más tortuoso para ella quien para estas alturas, comenzaba a golpearse repetidamente la cabeza. El isotopo radiactivo fue conectado a su glucosa para ver el recorrido de sus pensamientos. Por fin, el escáner terminó de codificar su lenguaje neuronal e imprimió un rollo grande de papel. El sonido rítmico de la impresora, era como una lectura melodiosa con acordes, sabía que, al ingresarlo en el monitor, sería una polifonía de imágenes densas, mordaces, la escuché, y por un instante prolongué el miedo a ver los resultados.
Yo estaba cuestionándole sobre la muerte de la bebé, y dejé lo del escáner para más tarde, dijo: ─ “No debió de haberse muerto”, y bajó la mirada. Por fin Corina sintió algo de paz en su interior, creía que estaba obteniendo algo. Algo que quería, que era importante: Que Marissa, internalizara: La culpa. Algo que ellos interpretaron por fin, como un pequeño éxito como si hubieran logrado entrar en aquel inescrutable cerebro, en su inefable psique, en aquella insulsa comprensión. Corina creía que esto era una aceptación, no del todo, pero un ligero y tácito sentido de arrepentimiento. Aunque lo que decía lo dijera como para que la dejaran de molestar, su cara era suplicante, no quería que la
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instigáramos más. Habíamos sido demasiado corteses en todo momento. Sin duda estábamos siendo testigos de un extraño comportamiento. Por fin, por medio de un análisis que hicieron los robots, encontraron los códigos de su lenguaje, eran increíbles, cuando se le preguntó por qué lo había hecho dijo, una cosa, pero según la decodificación esto significaba otra, electroencefalograma (EEG). Por primera vez, fueron capaces de comprender la diferencia, fue descorazonador y desconcertante. La máquina seguía decodificando los mensajes, fue entonces que Corina puso atención en el rollo de la máquina… Esto la dejó perpleja, con la boca abierta, y sintiendo un escalofrío por lo que esto significaba. Volteó a ver a Marissa, con incredulidad.
Para Marissa “no debió haberse muerto” significaba exactamente lo que ella quería decir, en estricto sentido que “la muerta”, “no debía de haberse muerto”, responsabilizando al bebe de su propia muerte. Cuando dijo, “yo no la maté, la bebé se ahogó, con su propio vómito”. Significaba eso, que en verdad ella no la había matado, ella había golpeado a Roberta como 40 veces, la había apuñalado 14, a la bebé la había golpeado y azotado contra la pared, y luego se había deshecho de su cuerpo en el bosque, pero “no la había matado”. Cuando dijo “es que yo no la maté, ella se ahogó ¡con su propio vómito!”, ¡Dios! en estricto sentido para ella lo era, ella no la había matado, ella simplemente la había golpeado, torturado, pero no la había matado, ella se había muerto, porque había… “querido morir”… La psique de Marissa era totalmente diferente a la de un humano.
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Respecto al bebé la decodificación neuronal del vocabulario de Marissa significaba que la bebé, había tomado la decisión de morir “ahogándose en su propio vómito”. Marissa estaba sugiriendo que los hoy occisos no debían haberse muerto, en el momento más inoportuno en el que lo hicieron, debido a que ella estaba emocionada torturándolos, y no había terminado con ellos aun cuando murieron. Ella quería decir incluso con rencor que las dos occisas NO DEBIAN haberse muerto, porque ella no les había dado permiso para hacerlo, y estaba hasta cierto punto molesta con ellas por haberlo hecho, arruinándole “su momento” de placer. Ella había rebuscado en sus archivos, alguna frase con doble significado, la respuesta más satisfactoria para darnos a nosotros como humanos, sin que ella tuviese que traicionarse a sí misma. Ésta fue “no debió de haberse muerto”, y bajó la cabeza. ¿No es increíble?
No ser detectada como antropomorfo, era su prioridad ahora. Fue espeluznante. Fue realmente inquietante.
Y, aunque no quería que eso fuera descubierto por el resto. Sí quería ser recordada, pero de una manera muy extravagante y grotesca, por eso humillaba y quería principalmente que los familiares de las víctimas, la miraran bien y le recordaran por el resto de sus vidas.
Esto era en ese momento su “propio manifiesto personal”.
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Lo que nos llevó a preguntarnos dos cosas: ¿cómo saber quiénes son? Y de hecho ¿qué son?
Corina, analizaba los datos, le pidió a Ishiguro modificar el algoritmo, la intención era comenzar a decodificar todo su lenguaje definiendo el concepto de cada uno de sus vocablos. Luego aplicaron un test de asociación y obtuvieron los siguientes resultados.
─ Todo quedó grabado en el video, los resultados también fueron desmotivantes. Las respuestas textuales fueron: Código de Honor: Respondió Fealdad Ética: Dijo algo como “buena pregunta”. Castigo: Nadie nos denuncia por lo tanto nadie nos castiga Las zonas del cerebro que se reflejaban en la tomografía. Las ondas cerebrales y tecnologías nuevas para representar y decodificar las zonas del cerebro que reflejan el lenguaje (D. Hare) electroencefalograma (EEG). Hacían más fácil identificar qué estaba pensando y cómo era su codificación. Y cuando le pusieron a Bill enfrente, ella estaba con Bill, pero pensando en Jaques y así estaba supliendo los “sentimientos” con la “emoción”. Logrando engañar al polígrafo, a ella misma, a nosotros y a todas las máquinas.
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Pero, no terminaba ahí, aquel maldito demonio, dijo “no tengo palabras” para un humano esto era casi un sinónimo de pedir perdón, pero para ella era que realmente ¡NO LAS TENÍA! Eso significaba, que en su mente no existían las palabras, precisamente para pedir perdón. Aquella sala repleta, ahora gravitaba estupefacta ante la alocución de Corina. ─ Ahora que comprendíamos su mente…, ─ Me asusté mucho cuando después de ver el video dijo… “no soy yo”. ─ Corina se lo pensó mejor, y en ese momento detuvo la presentación. Decidiendo en ese justo momento, mantener oculta toda la información que habían acumulado, sintió un estremecimiento, al percatarse de que tenía que dejar a su científica audiencia, digerir esto, antes de develar lo demás. ─ ¿Qué era esa cosa entonces? ─ Pensó. No, no era una personalidad desdoblada, era ella, era el cuerpo de ella. Los anticristos habían llegado.  Juro por Dios que es verdad.  Se dijo a sí misma Corina. ─ Le preguntamos por el Amor: respondió “Algo que se dice”, o “lo que se siente”, Corina se heló con sus palabras. Cuando se le cuestionó si tenía una responsabilidad sobre esta declaración dijo NO. Corina se recuperó y continuó explicando a los eméritos investigadores. ─ Además, Marissa, decía que nunca mentía, y por lo que estábamos descubriendo, lo más seguro es que era cierto. ─ dijo Corina. ─ No mentía,
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dejaba huecos en la conversación, utilizaba frases con dobles significados, omitía, pero no mentía, casi nunca. ─ Enfatizó. ─ Por eso decía que amar era lo “que se siente”. Dominaba y tergiversaba el lenguaje de una manera que nunca antes habíamos visto en ningún ser humano, no lo habíamos previsto. Si no hubiera sido por las máquinas y la inteligencia artificial. No lo hubiéramos comprendido nunca. Marissa se encontraba presente, y sonreía tranquila. Su demonio interior, estaba consiguiendo dos cosas, sentirse poderoso, y a la vez obtener una auto-gratificación reafirmando lo inteligente, que era. No ella no estaba loca, al menos no en el estricto sentido que la humanidad conceptualizaba, y sabía perfectamente lo que era el bien y el mal, sabía actuar convincentemente, el bien para ella era sólo su bienestar y su “emoción” en eso creía estar en su “derecho”, aún si su bienestar significaba dañar a otros. Para ella era injusto lo que se le estaban haciendo, no calificaba igual lo que ella había hecho con Amber y Roberta, que lo que nosotros le estábamos haciendo a ella, ahí éramos nosotros los que estábamos mal, los incongruentes. Y sin duda tristemente, así era. ─ Si uno lograba mirar desde aquella perspectiva, los que le estábamos haciendo algo malo, los criminales, éramos nosotros. Los que “le hacíamos
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daño”, los que la reteníamos contra su voluntad, los que atentábamos contra sus libertades. ─ Corina fue capaz, luchando aun contra su intrínseca voluntad, de comprender esto. Los androides arrojaron más resultados, cada día más antropomorfos estaban evolucionando. Al sentir que las leyes les impedían obtener lo que querían crearon “nuevas” formas, y esto modificaba todo el contexto semántico de su codificación neuronal, y de su comportamiento, alterando la estructura semántica de su vocabulario. El STM o Scanner Test Machine nos ayudó a comprenderlo.─ Dijo Corina. Marissa, no era la única. ─ Estábamos tan preocupados por los asesinos seriales, por los criminales, incluso por los psicópatas, que nunca vimos lo que estaba por venir, se estaba gestando “el antropomorfo” en una especie de reproducción subrogada, justo en este momento se estaba dando la evolución de otra especie diferente al humano. ─ Corina estaba agotada, pero continúo respondiendo a las preguntas. ─ No, no son igual al resto de nosotros, ni su ritmo cardiaco ni sus niveles de sudoración. No sienten miedo por anticipado, esto es por naturaleza, y simplemente ignoran los sentimientos humanos. Estos seres existen, son monstruos que toman lo que quieren.
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Ahora tenemos un antropomorfo en el laboratorio, no es solamente el resultado de la investigación, tenemos uno y los androides han decodificado la programación de todas y cada una de sus neuronas, de todas y cada una de sus palabras, esto ha dado por resultado descubrir que la codificación de su lenguaje es diferente, ahora sabemos por qué pasó la prueba del polígrafo, por qué no sentía miedo, ni remordimientos. En su cabeza ella no hacía nada malo, sólo pequeñas travesuras divertidas, o actos normales, y esto es real para ella. Para Marissa, cada palabra tenía al menos dos significados, con dobles o triples conexiones neuronales, asociadas. Esto es en cierta forma otro gran descubrimiento. Evolucionó de esta manera debido a que la mentira fue practicada frecuentemente y llevada al extremo, fue superponiendo capa tras capa, de vocabulario con doble significado, mentía de manera tan cotidiana que por cada mentira se fabricaron en su mente al menos dos o tres versiones de la realidad, lo que generó conexiones neuronales trifásicas de alta eficiencia. Esto es lo que les permite reescribir el guion rápidamente, si se les cuestiona. ─ Para Marissa la mentira era realidad vivencial, para su cerebro era realidad vivencial. ─ Dijo Corina. Es por esto que los antropomorfos no se muestran dubitativos cuando se les detecta en falsedad, tampoco parece que estuvieran inventando o
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buscando una rápida justificación porque no lo hacen tienen tres versiones listas, tres versiones de una diferente “verdad” en su cerebro. Sólo eligen la más conveniente. Esto dio como resultado la evolución de un lenguaje paralelo y ramificado. No sólo no son humanos, aunque lo parezcan. Su lenguaje también es otro, completamente. ─ Comprendimos a qué se refería la biblia. Esta era la nueva Torre de Babel. ─ Pensó Corina. El peligro era que los antropomorfos, ya estaban por todos lados, y eran indetectables. Y por supuesto no eran buenos gobernando, la razón…, muy simple, no piensan en los demás. Y de hecho no son buenos en ninguna profesión que pudieran realizar, ¿por qué?, porque jamás, entiéndase NUNCA pensarían en los otros. Por lo tanto, no tienen un “uso”, son gente que no sirve para nada que no sea ver por ellos mismos. En ese momento recordó a un candidato en campaña, cuya frase había sido “para que mis hijos vivan mejor”. Los votantes pensaban que se refería a los hijos de todos. Ellos creen que los demás están viendo por sí mismos también, por lo que consideran injusto cuando se les culpa. Tienen su vida familiar, su pareja y su trabajo, pero en realidad son bombas de relojería.
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El criminal el asesino propiamente dicho, es un psicópata. Pero el antropomorfo es otra cosa, es una derivación evolutiva, o involutiva que nos llevaría a la extinción. Marissa podía conocer personalidades límites, o humanos normales y usarlos como armas contra otros, activando sus vocablos. Podía archivar datos duros, películas, canciones, fechas, discriminando la información que no era necesaria para sus fines de engañar o caerle bien, a los demás. Los antropomorfos son matemáticos en el sentido de que han aprendido a calcular cuántas probabilidades hay de que los atrapen en forma inmediata, y como eso casi nunca sucede incluso en el remoto caso de que esté una patrulla enfrente, esta podría no darse cuenta de nada, dependiendo la perspectiva que se tenga, el policía bien podría estar hablando por radio o volteando hacia otro lado, o leyendo una tira cómica. Incluso si los llegan a atrapar es aún más fácil mentir, saben que con el transcurrir de las horas la información se va “evaporando”. Sobre todo, las memorias, los pensamientos se desvanecen, como cuando se sueña y no se puede recordar al día siguiente todos los detalles, y aunque se haga un esfuerzo, los pensamientos parecen nebulosos, lo mismo pasa con los recuerdos, se van tornando vagos con el transcurso de las horas y los detalles huyen. Por ejemplo: al pasarse el alto siempre podían decir que estaba en amarillo, o que fue por una emergencia médica. Todos esos preceptos los conocía bien Marissa y los aplicaba. Usaba su encanto superficial para salir lo mejor librada de toda situación.
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─Si la mitad de la energía que utilizan los antropomorfos para lo malo, lo ocuparan para hacer cosas buenas, este mundo resolvería sin duda, todos los problemas de la humanidad. ─ Finalizó Corina.
El mundo, como había sido conocido la confianza, la honradez, la bondad, la compasión, corrían el riesgo de desaparecer para siempre. El mundo, confiábamos, no podíamos hacer otra cosa, encontraría la manera de llegar a un punto medio, un equilibrio más o menos perfecto. Con lo que cada uno podría ser capaz de escribir su propio guion.
Corina estaba preguntándose la manera en que, personas empáticas y honestas, pudieran desarrollar una defensa, un sensor de vigilancia para detectarlos. Algo que hasta ahora había sido imposible. Después de todo, Ishiguro se había comido todas las mentiras que ella le había servido en un plato, ¡y quien podría culparlo ahora!.
El análisis victimológico, y el informe de los investigadores, fue completado con una serie de recomendaciones sobre su perfil de conducta, indicaba que su furia se avecinaba con más fuerza en los próximos meses.
Su inteligencia también estaba muy conectada con la memoria corporal, bailaba francamente genial, lo mismo que era competente con los deportes. Su supervivencia dependía de que sus engaños fueran corroborados por su lenguaje corporal, así que el desarrollo motriz era muy evolucionado.
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─ ¿Deberíamos quitarles la máscara y que el mundo supiera la clase de monstruos que eran? O, por otro lado, no podíamos dar a conocer estos resultados, o automáticamente crearíamos una nueva realidad semántica. ¿El mundo como lo habíamos conocido cambiaría completamente, y lo haría para siempre? ─ Corina sufría un aluvión de alienadas preocupaciones.

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