Capítulo 12

Dos días después finalmente, Amber, respondió a los mensajes y le envío a su tío Ishiguro su supuesta “ubicación”, le dijo que no le llamara, que solo quería que supiera que estaba bien, y que no volverían a verse. Ishiguro se dirigió de inmediato hacía allá iba nervioso, aceleraba con poca precaución obviamente quería llegar vivo para poder verla lo antes posible, pero mientras más aceleraba, el camino más se estiraba, así que pisaba más el acelerador, arribó luego de un rato, la ubicación era una cabaña abandonada, abrió la puerta abruptamente, en la mesa habían dispuesto una nota que decía: ¿Qué se siente terminar bailando como títere de un perverso asesino?, con esa simple y hostil retórica, confirmó sus sospechas, Amber estaba en peligro. Revisó la cabaña y los alrededores. Ishiguro se sintió desolado, su cabeza era una tormenta, de pronto le atacaba un fuerte dolor de cabeza. Nubes grises de cumulonimbus y relámpagos con truenos estallaban poderosamente sobre sus terminales nerviosas, enterrándose justo en las sienes, cayó de rodillas gritando, no, y preguntándose en ese momento ¿por qué?, ¿por qué a ellos?, ¿por qué, a Amber?, ¿por qué, él? mirando hacia el cielo con coraje, como exigiendo alguna clase de explicación o de respuesta, pero la respuesta que llegó eran unas copiosas y despiadadas
85
gotas de agua porque había comenzado a llover. Era curioso, pero en esos días siempre llovía cuando él lloraba, seguramente por la temporada de lluvias, aunque el sentía que allá arriba había alguien a quien también le entristecía ver su triste situación. Pasó bastante tiempo gritando, abandonándose a la indefensión, sus lágrimas eran clara señal de haber sido derrotado otra vez. ¿Acaso su pecado había sido querer demasiado a su familia y haberse olvidado de Dios?, sentía que no merecía aquel castigo, pero dependía de la perspectiva que de esto se tuviera. Enseguida Corina recibió una llamada de Ishiguro.  Tenemos que hablar. Le dijo a Corina, aún con la voz entrecortada, tratando de contener los sofocos, ese movimiento involuntario como de tragar aire de a poquitos. Para cuando se vieron Amber llevaba 72 horas desaparecida. El enemigo que trataba de destruirlo había escrito en esa extraña nota sus verdaderas intenciones quería la clave para acceder a la bóveda en Stocolmo. Ishiguro arrastraba pesadamente los labios, hablaba quedito como las ancianas en las plegarias jaculatorias de los velorios, todo lo que él decía era de difícil comprensión sus palabras se enredaban como el caramelo de azúcar y se pegaban unas con otras, hasta que Corina, lo detuvo. ─ Ey, escucha, me puedes contar lo que sea. ─ Lo miró con compasión.
86
Corina, estaba a punto de darle los accesos, aun cuando él no se los había pedido. ─ Como cuando se le da una moneda a un sin hogar, con generosidad y gratuidad. Pero él la rechazó, casi orgulloso, le costaba mucho hablar y explicarse adecuadamente. Luego de un rato pudo estructurar sus ideas, ordenarlas, y pudo ser muy explícito, al fin. Le dijo a Corina que había rastreado la IP de donde había recibido los mensajes del hombre desconocido. Sorprendentemente los mensajes habían entrado y salido de su propia casa. Pero no los había escrito Amber. ─ Corina preguntó ─ ¿qué está sucediendo? ─ Tengo la impresión de que Marissa está involucrada en todo esto ─ Le confesó Ishiguro avasallado. Eso explicaba todo, pero ¿por qué Ishiguro habría llegado a tal conclusión? ─ Corina sintió un descanso de todo este torbellino de ideas confusas, aunque algo empezaba a aclararse en su obnubilada mente. Ishiguro, comenzó a hablar, pero ahora, lo hacía con rapidez y confianza, las cosas por fin comenzaban a salir a flote, se explicaba e hilvanaba correctamente sus ideas. Las frases salían como cuando le cambias una hoja atascada a una de esas antiguas máquinas de fax, le decía que desde que estaba con ella, sucedían cosas extrañas que él no se explicaba. Un día despertó confuso, tenía puesto un pants que no era suyo y una camiseta, Marissa le insistía que esa ropa era de él, e incluso le sugirió que fueran a ver a un médico porque estaba teniendo “lagunas mentales”.
87
Él no se lo creyó, se percató que desde que estaba con Marissa él dormía más de lo acostumbrado, y se levantaba con dolores de cabeza. Recordó de pronto, aunque eso no se lo contó a Corina, pero le vino a la memoria, ese detalle que se le había pasado por completo, se dio cuenta de cómo Marissa medía su nivel de control hasta en los detalles más inefables, fue cuando recordó los días que iban de compras ella le sugería llevarse la talla de camisa incorrecta, se te ve mejor ésta, le decía, él confiaba en el consejo, pero cuando llegaba a su casa a menudo se preguntaba, por qué había comprado esa ropa anticuada, o ese desagradable color, ella le decía que estaba de moda, la realidad le cayó encima, se dio cuenta que Marissa lo controlaba todo, y se divertía con ello, era un culto a su ¡megalomanía!, él sintió como si estuviera siendo comido por una jauría de perros, se llevó las manos a la cara y la tapó como un sudario, que luego deslizó, al fin comenzaba a comprender, se sintió estúpido. Ishiguro, se había percatado de esas sutiles situaciones, por ejemplo, que siempre lo alejaba de la felicidad, cuando salían y veían una puesta de sol, era darle vuelta y decirle ya vámonos, una manera más de controlarlo todo. Ishiguro comenzó a tomar nota de esas pequeñas cosas “raras”, que solo sirvieron para comprenderla y tenerle más paciencia. Pero desde la desaparición de Amber, Ishiguro comenzó a llevar el registro de las cosas raras que sucedían, de las frases raras que decía ella, y que después negaba, comenzó a escribirlo todo, así por lo menos estaría seguro
88
de lo que escuchaba, también comenzó a llevar un registro del kilometraje de su auto y del de Marissa, una mañana vio que el kilometraje de su Prius aumentó aproximadamente unos 35 kms. ¿A dónde se dirigió Marissa con su auto, mientras él dormía?, ¿por qué caía siempre a dormir tan profundamente?, ¿por qué últimamente dormía tanto y se levantaba tan mareado y confundido? Ishiguro constató sus propias suspicacias, cuando la señora del servicio de la residencia, su ama de llaves, le comentó casi de manera casual no intencionada, que Marissa había regresado muchos días, a eso de media mañana a dormir a su casa. Fue como si alguien le golpeara en el estómago y quedara sin aliento. La realidad lo golpeó como un ciego chocando contra un muro. Como un trapeador al que tomaran de un extremo y otro y lo retorcieran. Comenzó a darse cuenta, era frecuente que Marissa, saliera a visitar a proveedores, o tener reuniones de “trabajo”… ¿cuántas de sus citas habrían sido falsas? ¿Por qué iba a medio día a dormir a la residencia? para luego salir y regresar de nuevo fingiendo que venía de trabajar. Recordó un montón de detalles, que había pasado por alto, pero que en su momento le habían parecido datos “curiosos” pero no importantes. Ahora Ishiguro estaba ordenando sus ideas, armando rídiculo rompecabezas. Le contó a Corina, que cuando desapareció Amber uno de esos días, él se dirigió a su casa a revisar cada rincón, ella no estaba, sabía que, si lo
89
preguntaba directamente, a Marissa, no obtendría nada de ella, por eso revisó meticulosamente los papeles que ella guardaba en una pequeña caja decorada, fuera de su ropa era prácticamente todo lo que había llevado, ni una foto familiar, ni documentos de identidad nada realmente importante. Supo entonces que Marissa no había llevado nada, que pudiera servir de garantía, de pronto estaba metido en medio de un triller de esos basados en hechos reales. En esos días, cuando intentó hablar con Marissa, ella le respondió con una amenaza velada, haciéndole sentir el miedo más espeluznante. Pero no podía dejarla ir ahora, después de todo, si sus sospechas eran ciertas, ella era la única que podría llevarlo a Amber. Marissa, se sentía todo poderosa, viéndolo así, tan desvalido y solo, su actitud dio un giro de 180 grados, el mismo día que Amber desapareció le increpó diciendo que había dejado la llave de la estufa abierta, Ishiguro estaba seguro que ni siquiera se había acercado ahí, ese día no comió nada, ¿cómo iba a comer? Los muertos no entienden de hambre. Marissa hacía extraños comentarios, se volvió evidente que pretendía languidecerlo. A él le costaba mantener la cordura, aun cuando lo estaba intentando, ya era demasiado difícil esforzarse por mantenerse en pie, y encima tener que aguantar eso.
90
Marissa lo desincentivaba constantemente, volvió a decir: si un día dejas todas las llaves del gas abiertas no será mí culpa… si mueres, en el “si mueres” subió la entonación. Al ver la cara de Ishiguro que ardía en deseos contenidos de responderle, ─ había acumulado tantas frustraciones recordando todas sus mentiras, que arrojarle el vaso de agua en la cara, le habría salido muy barato a Marissa, en ese momento quería defenderse, aunque esto significara tener que matarla, pero esto no sería más que una salida económica, él tenía que llegar al fondo de todo esto. Pero ella percibió el peligro de inmediato, y cambió su actitud repentinamente, le dijo con un cariño tan falso como una postal de Enceladus, la sexta luna de Saturno, ─ yo te quiero, ¿cuántas veces te he salvado la vida?, Ishiguro se sorprendió ─ ¿Qué? ─ respondió asombrado. ─ ¿Cuántas veces te has caído y yo te agarré?…─ Ishiguró dio dos pasos hacia atrás, su mundo dio vueltas, le faltaba el aire, sintió que se iba a desmayar tuvo que apoyar su mano sobre una mesa auxiliar, para permitir que sus pulmones pudieran aspirar el aliento que le faltaba y poder recobrar un poco las fuerzas, esto era demasiado, no tenía ningún sentido, su cerebro luchaba para poder descifrar la retorcida pústula en la que se había convertido de pronto Marissa, pero sobre todo, descubrir la razón. Al día siguiente, Ishiguro trató de hablar de todo esto con el detective, pero Marissa ya se le había adelantado, no le creerían cualquier cosa que dijera,
91
el detective le mostró varias fotografías donde aparecía Ishiguro, con el torso desnudo y vestido con un pants al lado de Ámber. Se sintió mal, pero al menos pudo confirmar otra cosa, que Marissa en efecto, era su enemigo. El motivo no lo sabía, el creía que no había un “móvil”, no recordaba haber hecho algo que ameritara esta reacción de parte de ella, pero comenzó a pensar que algo tenía él, algo que Marissa quería. Marissa era la gangrena, repugnante y vomitiva, una muerte viajera contagiosa, disfrazada de ángel de luz. Ella no se ganó la confianza de Ishiguro, en honor a la verdad Ishiguro le daba un voto de confianza a todas las personas, lo de Marissa era un nivel de ira muy superior e internalizado, lo había elegido precisamente por ser un humano, ella sabía que no habría mayor humillación para él, que ser engañado por alguien con dos dedos de frente, escondida, apeada, confabulando detrás de una máscara de supuesto amor. El demonio es el ser más mentiroso del mundo y se divierte sinceramente. ─ Dijo Ishiguro, mientras le platicaba todo esto a Corina.
Ishiguro continuó, diciendo que uno de esos días al llegar de la comandancia, cuando apenas iba entrando en la casa, se apareció Marissa, con arañazos y mordidas en el brazo, ella se los mostró con una actitud extraña, y dijo:
─ ¿Has visto lo que me ha hecho “tu perrita”? nuevamente había enfatizado las últimas dos palabras ─ El tono en que se lo dijo, y la gravedad de las heridas, denotaba que esas marcas podrían haber sido intentos defensivos
92
por parte de Amber. Los rasguños dieron esperanzas a Ishiguro de encontrar a Ámber con vida.
Ishiguro, instaló alarmas secretas y cámaras, temblaba como una hoja de papel, fumaba por primera vez, me dijo que puso un localizador al coche y que la vigilaba de cerca. Ishiguro dijo que no podía acudir a la policía, y que había pensado que tendría que encargarse de esta situación solo. Ahora frente a las autoridades todo era su palabra contra la de Marissa. ─ No estás solo.  Dijo Corina.  Ishiguro, suspiró, recobró la rigidez del cuerpo, despertó el alma que ya se le había quedado dormida, recobró el espíritu que lo llenaba de fuerza y esperanza. Contar con alguien, y que le creyeran, eso era todo lo que necesitaba en ese momento. Comenzaron a urdir un plan, lo primero sería sacarlo a él de esa casa, rentaron un departamento a las afueras, y le dijeron a Marissa que se iría de viaje para conseguir un detective que les ayudara con la búsqueda, confiaban en que Marissa bajaría la guardia sintiéndose sola y a sus anchas.  Tenemos que entrar en el mismo juego, no hay de otra con los estafadores.  Dijo Corina. Una vez que reunamos las evidencias, podremos ponerla en evidencia.  Reflexionaba.  Comenzamos a vigilarla día y noche ─ Dijo Corina a Bill.
93
Hasta que un día Marissa ingresó a una residencia abandonada, en cuanto salió, entramos nosotros, no había nadie, vimos unas manchas en el piso que parecían ser sangre. En el sótano, detrás de unos libros y almanaques viejos, finalmente encontramos un frasco etiquetado como “cloroformo” con letras burdas, de marcador negro y un maletín con una gran cantidad de sedantes. ─ Bill escuchaba todo desde el otro lado de la videoconferencia. Sólo entonces Ishiguro recordó que ella iba a menudo al doctor alegando ansiedad, depresión, y que regresaba con varias cajas de medicamentos. Revisamos la casa, minuciosamente, con cuidado de no tocar nada para no dejar huellas. Aún no era momento de entregarle esas pruebas a la policía, el detective se enfrentaba contra una percepción, no contra una realidad. Los antropomorfos no son seres humanos.─ Dijo Corina. ─ Quien haya entrado en aquellas miradas, lo sabe, no son seres humanos y tampoco son animales, ¿qué nombre podíamos haberles dado? ─ Y siguió contándole que fue entonces cuando recordó esa extraña comunicación, un email procedente de Colombia, que habían recibido antes de la muerte de Jaques, y donde les advertían.  Fue cuando hicimos contacto contigo. ─ Dijo Ishiguro.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s